PALACIO SANTUARIO DE CANCHO ROANO. En Zalamea de la Serena perduran testimonios de la presencia de moradores desde los tiempos más remotos, como es el caso del yacimiento de “Cancho Roano”, Santuario Tartésico de acusado valor, y uno de los edificios más interesantes de la Protohistoria Peninsular desde el punto de vista no sólo arqueológico, sino también histórico, imprescindible para poder comprender el proceso de aculturación de esos momentos en la zona occidental de la Península, ya que es realmente raro encontrar restos de la cultura tartésica fuera de la línea del Mediterráneo.
Este Palacio-Santuario, declarado Monumento Nacional en 1.986, ha sido datado del siglo VI al IV a.C., y se encuentra a menos de diez kilómetros de la localidad en dirección a Quintana de la Serena.
Las excavaciones para el alumbramiento de los restos comenzaron el 25 de Octubre de 1.978 bajo la dirección del prestigioso arqueólogo Joan Maluquer de Motes. A la muerte de este en 1988, le sucedió en las excavaciones el Profesor de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid Sebastián Celestino Pérez, quién hoy día sigue investigando sobre los restos arqueológicos de “Cancho Roano” y sus alrededores.
Los hallazgos de este yacimiento constituyen una de las muestras más ricas de la suntuaria mediterránea prehistórica: cerámica áticas griegas, marfiles grabados, collares de cornalina, pasta vítrea, joyas de oro de filigrana de factura occidental y técnica mediterránea, bronces etruscos, alabastros fenicios, etc. Todos estos restos se encuentran hoy día en el Museo Arqueológico de Badajoz.
El modelo constructivo de Cancho Roano se encuentra en los Hilani, o palacios, del Norte de Siria, siendo "único" en la Península Ibérica. Se trata de un edificio orientado al este y rodeado por un foso, lo que denota su carácter defensivo. Los muros exteriores son de granito de tipo ciclópeo de dos metros de altura, siendo el resto de la construcción de adobe. Mientras, el nivel del suelo estaba revestido de caolón rojizo (material muy utilizado para la cerámica), y el suelo del vestíbulo (entrada principal) era de pizarra azulada. En este vestíbulo se encuentra la entrada a las habitaciones del Santuario, estando rodeadas de una serie de capillas donde se guardaban las ofrendas que se le hacían a la Diosa Ataecina (Diosa de la Muerte, Resurrección y Fecundidad).
En altura, el Palacio-Santuario contaba con tres plantas; una superior o ático, una planta media donde encontramos las habitaciones, y una subplanta donde se encuentra la cripta, que era el lugar de sacrificio y oración, y que cuenta con un altar de forma circular con un canalillo por donde corría la sangre con la que hacían los ritos.
Funcionalmente, podemos hablar de un “Cancho Roano” con tres fines fundamentales: Santuario, Palacio y Almacén de Intercambio Comercial, o como definió Maluquer de Motes: “Un Palacio en la estructura y Santuario en la función”.
El edificio se arruinó por un incendio, primero se desplomó la nave posterior a la fachada, y luego el resto, manteniéndose íntegro el lado oeste y el centro, sobre el que continuó su utilización como altar de incineraciones humanas, cuyos restos, una vez recogidas las cenizas para darles sepulturas se vertieron en el interior del edificio cegado por ello de arriba a bajo. Este rito perduró durante una generación después de arruinarse el edificio.
Cuando este Santuario se destruye todos los ritos practicados se pasan a las Cuevas del Valle (Cuevas de San José). Dichas Cuevas fueron un Santuario Indígena Romanizado.
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