CAPILLA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA QUINTA ANGUSTIA. Construida en el primer cuarto del siglo XVII cuenta con unas bellas trazas arquitectónicas de clara influencia Herreriana, donde destacan la hermosa fachada, los artesonados en madera, un bello relieve en mármol sobre la pila bautismal, el recién reconstruido retablo y una azulejería talaverana del mismo siglo de construcción.
En el exterior destaca el pórtico de entrada que podemos definir de estilo Clasicista Herreriano. La puerta presenta dovelas y clave diferenciada, estando flanqueada por dos grupos de tres columnas con fustes estriados. Sobre el entablamento, el gran frontón partido acoge el segundo piso, donde se encuentra el escudo de los Austrias, que le da el Título de Real Capilla. Todo el conjunto se concluye con otro frontón partido, pináculo a ambos lados y cruz latina en el centro.
Ya en el interior, de planta con cruz latina se abre una ancha nave cubierta con cúpula acasetonada apoyada sobre pechinas graníticas, a cuyos pies se levanta un sotocoro con un bonito artesanado de madera. Realmente destacada resulta la azulejería que decora el Altar Mayor y la Sacristía, constituyendo una de las obras de azulejería más interesantes de toda la Baja Extremadura. Perteneciente a la Escuela Talaverana, esta azulejería representa dos importantes series iconográficas donde las escenas discurren enmarcadas por bellas arquerías de rebajados arcos, sustentados por columnas salomónicas. La primera de estas series se dedica a la pasión del Señor y recorre, sobre el zócalo, los muros del Altar Mayor, representándose la oración en el huerto, el prendimiento de Jesús, la flagelación del Señor (en un doble momento: Jesús, atado a la columna, es azotado y, luego, intenta alcanzar sus vestiduras), la coronación de espinas, el Ecce Homo, la caída del señor, la Verónica, Cristo Varón de Dolores, la crucifixión, la lanzada, el descendimiento, la piedad y, finalmente, el santo entierro. La segunda serie, sobre zócalo en este caso de azulejos con reiterados motivos florales y geométricos, se sitúa en la Sacristía. Los recuadros ahora se alargan, apaisados, para dar cabida a un más grandilocuente desarrollo paisajístico, con escenas tomadas del libro del Génesis: creación del mundo, de Adán y Eva, prohibición de comer fruta del árbol, tentación de la pareja, construcción del arca de Noé, entrada de los animales en el arca, diluvio universal, sacrificio de Isaac y otras de difícil lectura, por recomposiciones.
Los Milagros del Cristo de Zalamea.
En el año 1.617 se editaba en Madrid la Relación de la Calificación y Milagros del Santo Crucifijo de Zalamea, desde trece de Septiembre del año de seiscientos y diez y seis..., de la que era autor Fray Francisco Farrantes Maldonado. Gracias a esta obra la devoción al Santo Crucifijo, la imagen y la iglesia que la guarda vienen a ser, para nosotros acaso lo mejor historiado en cuanto a sus orígenes, en relación a cualquier otro enclave religioso de la Baja Extremadura.
Hasta la desaparición de las Ordenes Militares, en el pasado siglo, perteneció Zalamea a la de Alcántara. Elevada a categoría de Priorato en los inicios de 1.552, sus Priores gozaron de autoridad "quasi episcopal".
Lugar el más poblado del partido de la Serena en las postrimerías del siglo XV (450 vecinos), su población se aproximaba a los 1.200 vecinos (cerca de 5.000 habitantes) en los primeros años del siglo XVII. Dentro del recinto de un altar había un crucifijo –según Barrantes comprado en Sevilla hacia 1.573 por los hermanos de la Cruz, para la procesión de disciplina que hacían el Jueves Santo, de un escultor, al que otra iglesia lo había entregado para su aderezo-, alumbrado por una "escudilla vidriada" que servía de lámpara y a la que algunas personas devotas dotaban de aceite. Será precisamente en 1.604 cuando un vecino de Zalamea, Juan Sánchez Aldana, a la sazón en la villa de Moura en el reino de Portugal, enviaba desde allí una lámpara de azófar. En ese mismo año "lunes trece, víspera de la Exaltación de la cruz", comenzaron los milagrosos acontecimientos: el aceite de la lámpara, que –estando apagada- comenzara a arder por sí sola con intensa luz, cobró la virtualidad de curar toda la dolencia y enfermedad. Para el 23 de enero de 1.605 se habían contabilizado como "probados ochenta milagros, siendo infinitos otros, de que por algunos respectos forzosos no se ha hecho información". El 8 de mayo del mismo año "se publicaron los milagros que hasta aquel día estaban averiguados, leyendo por el libro cada uno, como había sucedido. Después se celebró Synodo particular, en que se instituyó por fiesta de guardar el día de la Exaltación de la Cruz, que es a catorce de septiembre, mandándose señalarse por tal en el calendario,... a los súbditos del Priorato".
La fama que, pronta y rápidamente, cobrara el Santo Crucifijo de Zalamea se extendió no sólo por la geografía española (capilla que perdura en Elche, calle que lo recuerda en Alcázar de San Juan), sino que también arribó a los pueblos de América. Desde ella los hijos de la villa, algunos tan ilustres como el obispo de Puebla de los Ángeles, don Pedro Nogales Dávila (1.708-1.721), mostraron su veneración a la imagen con suntuosos presentes que el inexorable paso del tiempo consumiera.
Historia de la construcción de la Real Capilla.
Ante la magnitud de los Milagros del Cristo, se pensó de inmediato en edificar nueva iglesia y hospital, según la traza que para ello diera Francisco de Mora, arquitecto mayor del Rey; obra que se paralizaba en abril de 1.606 por mandato del Visitador alcantarino don Sancho Bravo de Acuña, pero que poco después, el Consejo de Órdenes, mostrando "su devoción grande y voluntad de acudir a las cosas del Santo Crucifijo, tomándolo como cosa suya propia", mandaría proseguir. En la pilastra de la cabecera del templo, del lado sur, ha quedado epigráfica del suceso que, desembarazada de abreviaturas, dice:
AÑO DE 1.607 A 25 DE MAYO PUSIERON LA I (Primera) PIEDRA DE LOS SRS. LICENCIADOS DON ANTONIO BARRANTES, PRIOR DESTA VILLA, Y DON NICVLAS BARRANTES, SY HERMANO, PRIOR DE MAGAZELA, SIENDO MAYORDOMOS EL DOCTOR CABANILLAS I GONZALO DE HERNAO LASO, DE ALCANTARA. |
De Francisco Barrantes, a quien se encomendará la gestión de las obras, nos ha dejado puntual información del desarrollo de la misma; se procedía en septiembre de 1.611 a derribar todo lo que fuera el Hospital y Capilla antigua del Santo Crucifijo, trasladándose éste provisionalmente el día 13 del citado mes de la sacristía nueva de la iglesia, de la que sólo estaba concluida la capilla mayor. Cinco años después puede escribir: "está ya acabada la capilla mayor, dos colaterales, cimborio, y cuerpo de iglesia que es tan principal que apenas en Extremadura se hallará su igual, siendo su edificio de buen mampuesto, arcos y esquinas de hermosa cantería, de ocho pies de ancho las paredes, y de alto ochenta y cinco, en que se han gastado veinte y cuatro mil ducados. Lo que falta se acabará..., para el año que viene de seiscientos y diez y siete podamos hacer la última traslación del Santo Crucifijo a su capilla nueva". 
Sólo en parte se cumplió lo previsto: la nave única de esta iglesia, de cruz latina y cúpula en el crucero, caracterizada por la austeridad del todavía imperante estilo escurialense, alcanza sólo un tercio de lo proyectado por Francisco de Mora (tras la muerte de éste en 1.611, continuaría en la dirección de la obra su sobrino, Juan Gómez de Mora , sucediéndole José Villarreal). Y así quiso dejarse constancia de la parte cumplida, con inscripción, ahora interior, sobre la pilastra inmediata al coro, del lado de la epístola:
"ACABASE ESTE INSIGNE CAPILLA AÑO DE 1.617, REINANDO LA MAGESTAD DELCATHOLICO REY DON FELIPE III, SIENDO PRIORES FREY DON ANTONIO BAR®ANTES PERERO Y FREY DON FRANCISCO BAR®ANTES MALDONADO Y MAYORDOMOS ADMINISTRADORES DE SU FABRICA EL LICENCIADO IOAN DE VILLANUEVA. PBRO., Y ALONSO HIDALGO CABANILLAS. TRASLADOSE A ELLA LA SANTA YMAGEN A XIII DE SEPTIEMBRE DE DICHO AÑO".
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Vendría seguidamente el ornato de la iglesia, para cuya imagen se labraba un retablo de excelente factura seiscentista; y todavía en este siglo XVII, en la segunda mitad, la "insigne capilla" verá aumentar su esplendor por arte y gracia de la azulejería talaverana que deja en ella dos importantísimas series iconográficas, las cuáles han sido ya descritas.
FRANCISCO TEJADA VIZUETE, A.C. de la Real Academia de San Fernando.
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